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Líquido que se rinde: un descubrimiento físico que desafía la intuición

Un equipo de la Universidad de Drexel, en colaboración con ExxonMobil, ha logrado un hito sorprendente: la creación de un líquido que exhibe un comportamiento anómalo, casi antinatural. Se trata de una sustancia que, bajo presión, no fluye, no se deforma, sino que se fractura, revelando una resistencia similar a la de un sólido.

El punto de ruptura líquido

El punto de ruptura líquido

La investigación, publicada recientemente, describe un experimento que ha sacudido los cimientos de nuestra comprensión de la física de los líquidos. Los científicos, liderados por Thamires Lima y Nicolás Álvarez, manipularon una mezcla de hidrocarburos de alta viscosidad, creando un compuesto que, en esencia, se “rompe” bajo estrés. La observación, documentada con cámaras de alta velocidad, fue tan inesperada que provocó, según Lima, un “chasquido muy fuerte” que generó sorpresa en el laboratorio.

Repetieron el experimento con meticulosidad, confirmando la consistencia del fenómeno. El estudio revela que la tensión se acumula de forma diferente según la viscosidad y el espesor del líquido, lo que significa que, aunque puede agrietarse por congelación o mezcla, también puede hacerlo bajo estrés mecánico. Esta característica, hasta ahora considerada exclusiva de los sólidos, abre un abanico de posibilidades – y, con ello, interrogantes.

La Universidad de Sevilla también ha aportado su granito de arena, descubriendo un compuesto dietético que promete una longevidad inusitada. Pero el hallazgo de Drexel va un paso más allá: la rápida velocidad de fractura – entre 500 y 1500 metros por segundo – y la formación de micro-vacíos internos, generados por una tensión inusualmente alta, sugieren un mecanismo complejo que aún no comprendemos del todo.

La hipótesis actual apunta a la creación de una burbuja de vacío interna que, al concentrar la tensión, desencadena la fractura. Los investigadores se centran ahora en desentrañar este proceso, explorando la posibilidad de replicarlo en otros líquidos comunes, como el agua o el aceite. Las implicaciones prácticas son significativas: desde la optimización del hilado de fibras hasta el desarrollo de nuevos materiales con propiedades inusuales.

Pero, ¿por qué ocurre esto? La respuesta, aún esquiva, podría revolucionar campos tan diversos como la ingeniería, la nanotecnología y, quizás, incluso la propia física teórica. Este descubrimiento no es solo un ejercicio científico; es una invitación a repensar lo que creemos saber sobre la naturaleza de la materia.