Qatarenergía: ataques a ras laffan paralizan exportaciones de gnl y tensionan el suministro
El corazón energético de Qatar, el complejo industrial de Ras Laffan, ha sido golpeado por ataques que han inutilizado el 17% de su capacidad exportadora de gas natural licuado (GNL). La escalada de la violencia en la región, tras el bombardeo iraní del yacimiento de South Pars, amenaza con desestabilizar las cadenas de suministro globales de gas.

El impacto económico se estima en 20.000 millones de dólares anuales
Según el consejero delegado de QatarEnergy, Saad al-Kaabi, los ataques han afectado a dos de los catorce trenes de licuefacción (S4 y S6) y a una de las dos plantas de conversión de gas en líquidos (GTL) del complejo. Estos activos representan 12,8 millones de toneladas anuales de capacidad, una cifra que equivale a una parte sustancial de las exportaciones de GNL del país.
La paralización de Ras Laffan no solo impacta las finanzas de Qatar, sino que también genera incertidumbre en un mercado energético ya convulso. ExxonMobil (34% en S4 y 30% en S6) y Shell son socios en los trenes de GNL atacados. La estadounidense ExxonMobil, por ejemplo, se ve directamente afectada por la interrupción.
QatarEnergy ha ampliado la declaración de fuerza mayor a contratos de largo plazo con clientes en Italia, Bélgica, Corea del Sur y China, con posibles consecuencias para el suministro europeo. Italia (Edison) y Bélgica (EDFT) son algunos de los países que enfrentan ahora la necesidad de buscar alternativas en un mercado cada vez más apretado. La entrada en competencia con estos países incrementará la dependencia de Estados Unidos y Argelia.
Pero hay un detalle: el ataque también ha frenado la expansión de North Field, la mayor reserva de gas no asociado del mundo, y la parte sur de South Pars. El proyecto, que debía aumentar la capacidad exportadora de Qatar de 77 a 126 millones de toneladas anuales, ahora se ve seriamente comprometido. Europa, en plena búsqueda de alternativas al gas ruso, pierde a uno de sus principales proveedores.
La cifra habla por sí sola: el impacto económico se estima en 20.000 millones de dólares anuales. La recuperación de la infraestructura dañada se proyecta en un horizonte de tres a cinco años, con pérdidas de ingresos que podrían ascender hasta los 100.000 millones. Esta situación pone de manifiesto la fragilidad de las cadenas de suministro globales y la necesidad urgente de diversificación energética.
La presión sobre el mercado se traslada ahora a otros proveedores. Esta crisis confirma una tendencia: la geopolítica está reconfigurando los flujos de energía a nivel mundial.
La destrucción de Ras Laffan, más allá de las pérdidas económicas, es un golpe a la seguridad energética de Europa. Una advertencia, quizás, de que el precio del gas seguirá siendo volátil.
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