China desvela a moya: el robot humanoide que desafía la realidad
Shanghái es escenario del debut de Moya, un robot humanoide desarrollado por la empresa china DroidUp que redefine los límites de la inteligenciaartificial. Su realismo, que algunos asistentes al evento han calificado de inquietante, podría cambiar nuestra percepción de la interacción humano-máquina.

Moya: un avance biomimético que busca trascender la ficción
El robot, que mide 1,65 metros y pesa unos 32 kilogramos, se presenta como el primer humanoide inteligente totalmente biomimético del mundo. DroidUp afirma que Moya no solo simula la apariencia humana, sino que también percibe su entorno, razona y se mueve con una precisión asombrosa.
El desarrollo de Moya representa un salto cualitativo en la capacidad de los robots para interactuar con el mundo físico. Su postura al caminar, con una precisión del 92%, y su habilidad para replicar microexpresiones humanas, lo acercan a una experiencia mucho más natural para los observadores. La compañía asegura que incluso mantiene una temperatura corporal similar a la humana, entre 32 y 36 grados.
Pero la ambición de DroidUp va más allá de la mera imitación. La plataforma modular de Moya permite personalizar su apariencia sin afectar su estructura mecánica, abriendo la puerta a aplicaciones en sectores como la salud, la educación o el comercio.
A diferencia de proyectos como Optimus de Tesla, Moya no está diseñado para ser un robot doméstico. DroidUp visualiza su aplicación en entornos donde la interacción humano-robot pueda aportar valor real, como tiendas o oficinas. Se espera que Moya esté disponible a finales de 2026 con un precio inicial de 1,2 millones de yenes japoneses, aproximadamente 6.500 euros, aunque el precio final y la disponibilidad siguen siendo inciertos. La respuesta del público chino, según reporta el South China Morning Post, ha sido mixta, con algunos usuarios expresando incomodidad ante el nivel de realismo del robot.
La inversión en este tipo de Tecnología es un claro indicativo de la apuesta de China por la robótica avanzada. El despliegue de estos humanoides plantea interrogantes éticas y sociales que no podemos ignorar. La capacidad de crear máquinas tan parecidas a nosotros nos obliga a replantearnos nuestra propia identidad.
El avance de DroidUp no solo es un logro tecnológico, sino una señal de que la línea entre lo real y lo artificial se está difuminando a una velocidad vertiginosa.