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Francia, un muro energético que ahoga la ambición solar española

España, líder indiscutible en la producción de energía solar en Europa, se enfrenta a un obstáculo colosal: la intransigencia de Francia. La península Ibérica, junto con Portugal, se ha impulsado hacia una isla energética, pero ese sueño se ve amenazado por un cuello de botella en la interconexión con su vecino del norte.

El pantano pirenaico: 3.000 mw, una gota en el océano

La capacidad actual de la conexión terrestre pirenaica, que alcanza apenas los 3.000 MW y que también beneficia a Portugal, es grotescamente insuficiente. Se trata de una cifra ridícula frente a la potencia total de generación renovable de España, que supera los 150 GW. La NASA, por cierto, está a punto de reescribir los manuales de exploración espacial al preparar el lanzamiento a la Luna, un proyecto que, irónicamente, podría ser más progresista que la política energética de algunos de nuestros socios europeos.

La situación es crítica. Las líneas de alta tensión, en su forma actual, no son suficientes para liberar el excedente energético que se genera, especialmente en los meses de verano. El riesgo de apagones masivos, como el que se prevé para 2025, se cierne sobre el país.

Alternativas al abismo francés: un cable al atlántico

Alternativas al abismo francés: un cable al atlántico

Ante esta debacle, el Gobierno español se ha visto obligado a buscar soluciones desesperadas. La vía francesa, aunque la más lógica en teoría, se ha revelado un camino de espinos. Ahora, la alternativa más viable –y la menos costosa– se centra en una inversión ambiciosa: un cable submarino de alta capacidad que conecte España con Irlanda.

El trazado, estimado entre 1.000 y 1.100 kilómetros, evitará el complejo Golfo de Vizcaya y el oleaje del Mar Céltico, un desafío logístico considerable. Los científicos ya han presentado un estudio preliminar que apunta a una viabilidad técnica, aunque el coste de esta infraestructura es, indiscutiblemente, elevado. El acuerdo entre España e Irlanda, firmado recientemente en Madrid, marca un primer paso, un tímido reconocimiento de la necesidad de romper con el aislamiento energético.

Irlanda, la pieza clave

Irlanda, la pieza clave

La colaboración con Irlanda es fundamental. El país, con sus parques eólicos marinos, podría convertirse en un exportador de energía, complementando la producción solar española. Esta conexión, que actualmente es la menos interconectada de Europa, podría transformar radicalmente el panorama energético del continente.

La inversión es, sin duda, una apuesta de futuro. Pero el tiempo apremia. La guerra en Ucrania y la crisis energética que se cierne sobre Europa han puesto de manifiesto la fragilidad de la dependencia externa. España necesita independencia energética, y la solución, aunque compleja, reside en construir puentes –literalmente– hacia el norte.

Con una capacidad de interconexión actual del 2%, España está lejos de alcanzar los objetivos marcados por Bruselas para 2030. La pelota está en el tejado de Francia, y el futuro energético de España depende de su voluntad de colaborar. La cifra es clara: si no se superan los obstáculos, la isla energética española se convertirá en una prisión.