tecnologia

La amenaza de los 'deadbots': ¿el camino hacia una distopía tecnológica?

La ilusión de revivir a los seres queridos ya no es solo materia de ficción. Con la emergencia de 'deadbots' o 'griefbots', sistemas de inteligencia artificial que simulan ser personas fallecidas, se abren puertas peligrosas para la salud mental de los usuarios.

Una industria digital de la vida después de la vida

Una industria digital de la vida después de la vida

La Universidad de Cambridge ya ha advertido sobre los riesgos de estas páginas que prometen revivir a un ser amado dentro de una 'cápsula' impulsada por modelos privados de IA. El centro Leverhulme para el futuro de la inteligencia la describe como 'una industria digital de la vida después de la vida'.

En este contexto, surgen casos como el de Rebecca Nolan, quien perdió a su padre a los 14 años y decidió recrear su 'alma' en un griefbot. Después de su creación, Nolan estableció una relación emocional intensa con el 'deadbot', hasta el punto de que la despedida fue 'sorprendentemente difícil'. Su experiencia refleja la trampa en la que pueden caer los usuarios de estos servicios.

La creación de un 'deadbot' implica la configuración de rasgos de carácter y la interacción con una máquina que, aunque no es real, puede generar sensaciones de abandono y pérdida similares a las vividas en un duelo real. Esto puede tener consecuencias graves en la salud mental de los usuarios, especialmente si no se afrontan los procesos de luto de manera adecuada.

La cuestión planteada es si la tecnología puede realmente ayudar en la superación del dolor o, por el contrario, se convierte en un obstáculo que agravando el sufrimiento. La respuesta es clara: la tecnología no puede reemplazar el proceso natural de duelo y, en muchos casos, puede generar más daño que beneficio.

Es hora de reflexionar sobre el papel que la inteligencia artificial debe jugar en relación con las emociones humanas y, en particular, con el dolor de la pérdida. La creación de 'deadbots' o 'griefbots' no es más que un ejemplo de cómo la tecnología puede ser manipulada para ofrecer soluciones falsas a problemas reales, con consecuencias devastadoras para la salud mental de los usuarios.