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La ia devora empleos: un cambio radical en el tejido tecnológico

La inteligencia artificial ha detonado una ola de despidos en las grandes tecnológicas, un escenario que, lejos de ser una mera predicción, se ha convertido en una realidad palpable. Capgemini, Microsoft, Meta… la lista de empresas que recortan personal citando la eficiencia impulsada por la IA es alarmante.

El fin de los ‘white collar’

El fin de los ‘white collar’

Lo preocupante no es solo la magnitud de los despidos, sino su naturaleza. Se han declarado obsoletas funciones que antes se consideraban a salvo, el dominio del conocimiento especializado. La IA, con su capacidad de replicar tareas que demandaban años de experiencia, está transformando el mercado laboral a una velocidad vertiginosa, como el impacto del iPhone en la fotografía o la desaparición de los conductores de carretas de caballos.

Sam Altman, cofundador de OpenAI, ya lo vaticinaba: para 2028, la inteligencia dentro de los centros de datos podría superar con creces la capacidad humana. Desde programadores hasta banqueros, pasando por analistas y abogados, la amenaza es universal.

Pero la verdadera paradoja reside en la capacidad de adaptación. Los gobiernos, con su habitual lentitud, intentan dar forma a una regulación que aún está en pañales. La hiperinflación de conocimiento, facilitada por herramientas como ChatGPT o Claude, está desdibujando las fronteras entre la experiencia y la simple imitación.

Un CTO de una empresa española, gracias a Claude Code, redefinió en dos días una herramienta crítica para su empresa, ahorrando un 94% en costes operativos. Sin embargo, advierte: no se trata de convertir a todos en cocineros con un Thermomix, sino de dotar a los profesionales con las habilidades para dominar estas nuevas armas. La intuición, el criterio y la definición – qué, por qué, para qué – siguen siendo el motor de la innovación. Y es ahí donde reside la verdadera batalla.

La competencia, como admitía Jamie Dimon, se presenta como un desafío formidable. Quien se lleve el gato al agua será aquel que invierta en la formación de su plantilla, no en la reducción de costes a través del despido. La diferencia es abismal: se trata de un cambio de paradigma, no de una simple optimización. Y es un cambio que nos obliga a replantearnos la esencia del trabajo en el siglo XXI.